lunes, 17 de agosto de 2009

Había estado alterada estos días, pero ya volví a mi estado natural.

Más allá de los ataques de histerias, de las acotaciones pelotudas, que llevan a discusiones pelotudas; más allá de los momentos en que las cosas se ponen pesadas, y que se aguantan poco; y me refiero en todas, porque las cinco tenemos esos momentos -es como que van por estapas- también están los momentos de risas, esos que te reís tanto que te cuesta respirar, te duele la panza, la garganta, todo; están los momentos en que aprendés de las otras, los momentos de cuidarnos entre nosotras, y defendernos, los consejos, las charlas -y qué charlas! Dios, si, Dios. Que Dios los cuide y los guarde-. Para todo eso están ustedes, para pelearme, para hacerme llorar; para hacerme reir, para cuidarme, para defenderme, para darme consejos, para hablar y de lo que menos se les ocurra.
Sin ustedes no podría estar en el colegio, sin ustedes los fines de semana no serían fines de semana, sin ustedes con quién me reiría tanto? Si no fuese con ustedes, con quién iría a ver Casi Ángeles, con quién iría a bailar, con quién compraría ropa, con quién saciaría mi incansable deseo de helado, con quién me sacaría tantas fotos? Con nadie; porque son ustedes las que me acompañan en todo, las que me hacen felices. Gracias amigas, gracias.

1 comentario:

JULIETA dijo...

Yo soy la mejor.
Vos no.