sábado, 26 de diciembre de 2009

Atlantis to interzone

Y así, poco a poco, me fui hundiendo en la arena. Empecé por los dedos, hasta que llegué a las rodillas; sabía que lo había logrado. Cerré los ojos y me perdí entre los sedimentos. Todavía retumbaban en mi cabeza los campanazos de las doce. Intentando liberarme un poco del sonido sordo que latía en mi cabeza, terminé empezando de vuelta, despertando en esa cama de clavos que rasgaban mi delicada piel. Dejando marcas que nunca se irían, por lo menos, de la memoria.

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